¿Sabías que la radioterapia también puede utilizarse para aliviar el dolor de la artrosis? Cuando los tratamientos habituales no obtienen resultados y las molestias siguen limitando el día a día, la radiación en bajas dosis puede ser una alternativa terapéutica en determinados casos. Pero no estamos hablando del mismo planteamiento utilizado para tratar un cáncer.

La artrosis, la epicondilitis, la fascitis plantar o la bursitis trocantérica son algunos de los problemas osteoarticulares en los que puede valorarse esta terapia por su efecto antiinflamatorio y sobre el dolor. Además, se realiza de forma ambulatoria, en sesiones cortas y sin causar dolor.

¿En qué consiste eso de "radiar" una articulación? Te contamos cómo funciona y, sobre todo, en qué casos puede plantearse.

¿Qué tiene que ver la radioterapia con la artrosis?

Estamos acostumbrados a relacionar la radioterapia con el tratamiento del cáncer. Sin embargo, dosis mucho más bajas de radiación ionizante se han empleado también en determinadas enfermedades benignas, principalmente por sus posibles efectos sobre los procesos inflamatorios. La clave está precisamente en la dosis y en el objetivo.

La doctora Marina Peña Huertas, especialista en Oncología Radioterápica del Hospital Universitario Quirónsalud PozueloEste enlace se abrirá en una ventana nueva, explica que la radiación ionizante en bajas dosis puede modular el sistema inmunitario y producir un efecto antiinflamatorio y antiproliferativo.

¿Y qué se busca con ello? Actuar sobre la inflamación para disminuir el dolor y favorecer la movilidad de la articulación afectada.

"Existe evidencia con miles de pacientes tratados con seguimiento a largo plazo en los que la radiación ionizante en bajas dosis consigue una reducción del dolor en torno al 80%", señala la especialista.

En qué consiste la radioterapia para la artrosis

Cuando una articulación lleva meses doliendo, es habitual haber pasado ya por diferentes tratamientos buscando alivio. Y cuando estos dejan de funcionar o no consiguen controlar suficientemente los síntomas, la siguiente pregunta suele ser inevitable: ¿qué más puedo hacer?

La radioterapia para la artrosis puede plantearse precisamente en personas que continúan teniendo dolor o dificultades para moverse pese a haber probado previamente otros tratamientos.

Puede utilizarse para tratar artrosis localizada en rodillas, hombros o manos. Pensemos, por ejemplo, en esa rodilla que convierte bajar unas escaleras en toda una estrategia o en unas manos doloridas que dificultan algo tan cotidiano como girar una llave.

En estos casos, el objetivo no es rejuvenecer la articulación ni hacer desaparecer la artrosis. Se busca reducir el dolor y la inflamación y recuperar funcionalidad.

Imagen del tratamiento radioterápico de artrosis de rodillaImagen del tratamiento radioterápico de artrosis de rodilla

Otros dolores que pueden tratarse con dosis bajas

El uso de la radioterapia en bajas dosis no se limita al dolor de artrosis.

Según explica la doctora, puede valorarse también en determinados pacientes con epicondilitis, el conocido como "codo de tenista", así como en problemas del manguito rotador del hombro o en la bursitis trocantérica, que provoca dolor en la zona lateral de la cadera.

Otra posible indicación son algunos casos de fascitis plantar y espolón del calcáneo. Ese dolor punzante al apoyar el pie por la mañana puede llegar a condicionar desde un paseo hasta una jornada laboral.

El tratamiento de radiación en bajas dosis también puede utilizarse en determinadas situaciones de formación anormal de hueso alrededor de una prótesis de cadera. En estos casos concretos, apunta la especialista, se puede reducir significativamente el dolor en una única sesión.

¿Cómo es radiar una articulación?

La palabra radioterapia puede imponer bastante cuando nunca hemos pasado por una. Sin embargo, en este contexto el tratamiento es bastante menos aparatoso de lo que podríamos imaginar.

Las dosis empleadas son muy inferiores a las utilizadas habitualmente en tratamientos oncológicos y la radiación se dirige únicamente hacia la zona que necesita ser tratada.

Y una de las principales ventajas es que se realiza de forma ambulatoria. Esto significa que no requiere ingreso ni pasar por un quirófano.

Las sesiones son cortas, alrededor de 15 minutos, aunque el número necesario dependerá del problema y de cada persona. "Los tratamientos son ambulatorios, de muy corta duración e indoloros y sin apenas efectos secundarios", resalta la experta.

¿Quién puede beneficiarse de este tratamiento?

El diagnóstico de artrosis o presentar un dolor en las articulaciones no significa automáticamente ser candidato a recibir radioterapia. "Normalmente se plantea cuando los tratamientos habituales no han funcionado", puntualiza la doctora.

Antes de indicar el tratamiento de radioterapia se estudian factores como la zona que habría que tratar, los órganos próximos, la edad, otras enfermedades que pueda tener la persona y el número de sesiones necesarias.

La idea es tratar únicamente el área necesaria y utilizar la dosis más baja que pueda resultar eficaz. Por eso, la valoración personalizada es muy importante. Dos personas pueden tener artrosis de rodilla y un dolor aparentemente parecido y, sin embargo, necesitar estrategias completamente diferentes.

Orientador de salud personal

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