¿Te duele el cuello al final del día como si llevaras una mochila invisible? ¿Notas los hombros rígidos incluso cuando estás en el sofá? La tensión muscular por estrés se ha convertido en una de las molestias más comunes en nuestro ritmo de vida actual.

Vivimos con prisas, pendientes del móvil, del trabajo y de mil responsabilidades. Y este estrés puede acabar pasando factura a nuestra salud y, en particular, a nuestros músculos. En este artículo te hablamos de la tensión muscular causada por el estrés o la ansiedad, cómo reconocerla y qué debes hacer para aliviar este dolor punzante.

Por qué el estrés afecta a los músculos

El estrés no es solo una cuestión mental, también es física. Cuando entras en estado de alerta, tu organismo responde tensando los músculos como mecanismo de defensa.

Como explica el doctor Ghassan Elgeadi Saleh, jefe de servicio de Traumatología y Cirugía Ortopédica del Hospital Quirónsalud San JoséEste enlace se abrirá en una ventana nueva: "El estrés provoca rigidez y contracción muscular, aumentando el riesgo de desarrollar tensiones y lesiones que afectan negativamente a la calidad de vida y al desempeño de las actividades diarias".

En otras palabras, tu cuerpo se prepara para reaccionar, aunque en realidad solo estés respondiendo a un correo o pensando en todo lo que tienes que hacer mañana.

Tensión muscular por estrés o ansiedad, ¿qué es?

Se trata de una contracción de uno o varios músculos como respuesta al estrés o la ansiedad. El doctor señala que "una inadecuada gestión del estrés en la vida del paciente puede desencadenarla".

El problema es que, cuando esta tensión muscular se mantiene en el tiempo, puede acabar generando dolor, limitación de movimiento e incluso empeorar otras dolencias. Un ejemplo muy común es que el dolor causado por la tensión muscular que empieza en la cabeza y baja por el cuello hasta los hombros.

Un hombre con dolor de cervicalesUn hombre con dolor de cervicales

Síntomas de tensión muscular por estrés

No todas las personas lo viven igual, pero hay señales bastante claras que indican que el estrés ya está afectando a tus músculos:

  • Dolor de cabeza persistente, que se extiende hacia las cervicales y los hombros.
  • Rigidez y dolor muscular.
  • Mareos o sensación de desorientación.
  • Debilidad articular o dificultad para moverte con normalidad.
  • Problemas para dormir, que empeoran aún más la situación.

Si detectas estos indicios de una posible tensión muscular, el doctor recomienda acudir a un especialista de Traumatología y Cirugía Ortopédica para realizar un examen físico y una revisión del historial clínico. En algunos casos, pueden ser necesarias pruebas de imagen adicionales, que ayudan a descartar otras enfermedades.

Cómo aliviar el dolor de la tensión muscular

El tratamiento combina varias estrategias que ayudan tanto a reducir el dolor como a relajar la musculatura.

La principal medida es aplicar calor local para aliviar el dolor y la rigidez muscular. También puedes tomar antiinflamatorios, siempre bajo supervisión médica.

Por otro lado, la fisioterapia juega un papel muy importante, ya que ayuda a liberar la tensión muscular y mejorar la postura.

Además, trabajar la parte emocional es fundamental. Técnicas de respiración, como la diafragmática, o el uso de métodos de relajación, como el entrenamiento autógeno, contribuyen a disminuir el estrés y evitar recaídas.

El objetivo no es solo quitar el dolor, sino actuar sobre la causa: el estrés.

Cómo prevenir la tensión muscular por estrés

Aunque existen tratamientos eficaces, lo ideal es evitar que la tensión muscular aparezca. El doctor indica los hábitos para evitar esta tensión en el día a día:

Además, hay deportes especialmente recomendados para evitar este malestar. El doctor destaca el pilates, el yoga y la natación como grandes aliados para prevenir y aliviar la tensión muscular, gracias a su enfoque en la postura y la relajación.

La tensión muscular por estrés no aparece de un día para otro. Es más bien como esa gota constante que termina colmando el vaso. Por eso, aprender a detectar las primeras señales es fundamental. Ese leve dolor de cuello, esa rigidez al levantarte… son avisos. Y tú, ¿cuándo fue la última vez que escuchaste lo que tu cuerpo estaba intentando decirte?

Orientador de salud personal

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