Cuando pensamos en cuidar el corazón, nos vienen a la mente los mismos consejos de siempre: dejar de fumar, controlar el colesterol, reducir la sal... Y sí, esos factores siguen siendo fundamentales. Pero la ciencia avanza, y cada vez es más evidente que el riesgo para nuestro corazón también viene de lugares inesperados: la boca, el aire que respiramos, el táper del microondas o incluso el estrés acumulado durante años.

El doctor Armando Oterino Manzanas, especialista en Cardiología del Hospital Quirónsalud CáceresEste enlace se abrirá en una ventana nueva, explica que "en nuestro corazón se refleja nuestra genética, nuestros hábitos, nuestro descanso, el entorno en el que respiramos y hasta nuestras emociones". Entender estos factores emergentes es fundamental para una prevención más personalizada y, sobre todo, más precoz. Descubre cuáles son en este artículo. ¿Los conocías todos?

La inflamación silenciosa: el riesgo que no se ve

La mayoría de los factores de riesgo cardiovascular menos conocidos tienen algo en común: provocan lo que los expertos denominan inflamación crónica de bajo grado. Se trata de una reacción sostenida, casi imperceptible, que ocurre en el interior de las arterias sin generar señales de alarma.

En más detalle, el especialista aclara que "no es la inflamación visible que nos defiende de infecciones, sino una que se produce a pequeña escala y de forma continuada, que pasa desapercibida pero que daña progresivamente la capa protectora que recubre las arterias".

En concreto, esta capa que cubre internamente las arterias y las protege se llama glicocálix, y puede verse afectada por este tipo de inflamación silenciosa. Cuando esta barrera se deteriora, el funcionamiento vascular se trastoca y contribuye a la acumulación de placa de ateroma, el depósito de colesterol y otras sustancias que estrecha las arterias y puede desencadenar un infarto.

La boca es un espejo del corazón

Uno de los factores emergentes más sorprendentes es la salud bucodental. Las enfermedades periodontales, como la acumulación de sarro o la inflamación crónica de las encías (gingivitis), se han asociado a un mayor riesgo cardiovascular.

Por lo tanto, el cuidado de la boca forma parte de la prevención del riesgo cardiovascular. Para ello, es recomendable seguir las revisiones periódicas con el especialista en Odontología, mantener una buena higiene oral y no subestimar el sangrado de encías.

El aire que respiras y lo que comes

En especial, la contaminación ambiental es otro de los factores que pueden deteriorar la salud cardiovascular, cada vez más conocido y estudiado. "Se ha demostrado que existen en la contaminación ambiental unas partículas finas de pequeño tamaño que se asocian con un incremento de infarto y de mortalidad por esta causa", apunta el doctor.

Pero la amenaza no solo viene del exterior. Ciertos microplásticos, presentes en los envases de plástico que calentamos en el microondas, también han dado la voz de alarma. En concreto, se han encontrado algunas de estas sustancias en las propias placas de ateroma de las arterias, asociándose a un mayor riesgo de sufrir un ataque al corazón.

Hormonas y estrés: un gran impacto en el corazón

Tanto los hombres como las mujeres están expuestos a desarrollar enfermedades cardiovasculares.

En el caso de ellas, las hormonas juegan un papel muy significativo. La menopausia, por ejemplo, supone un punto de inflexión importante, ya que el riesgo de desarrollar problemas cardiovasculares aumenta debido a la caída de estrógenos. También los antecedentes ginecológicos es otro factor a tener en cuenta entre la población femenina.

Y, por último, no conviene olvidar las consecuencias que puede acarrear el estrés en el corazón. Cuando se mantiene en el tiempo, se ha llegado a asociar a arritmias, anginas de pecho, infartos o ictus, entre otros problemas cardiovasculares.

Lipoproteína(a): el factor genético que muy pocos conocen

Se trata de un tipo de colesterol LDL, que es el "colesterol malo", pero con características que la hacen especialmente peligrosa. De hecho, produce un mayor daño de la arteria y propicia su obstrucción.

Partículas LDLPartículas LDL

Además, la lipoproteína (a) tiene un fuerte componente genético y, cuando se encuentra en niveles altos, se asocia a mayor riesgo de infarto u otras enfermedades cardiovasculares, calcificación de la válvula aórtica y fibrilación auricular.

Lamentablemente, todavía no existe un procedimiento o terapia para reducir la lipoproteína(a). En cualquier caso, el doctor recomienda que, si se detectan valores elevados, debemos "ser más exigentes con el control de la tensión arterial y el colesterol LDL, y priorizar hábitos de vida saludables que mejoren la función de nuestras arterias".

Un dato importante es que la lipoproteína(a) puede medirse con un análisis de sangre convencional. Sin embargo, no se incluye de forma rutinaria en los chequeos habituales. Para hacerlo, es conveniente consultarlo con un especialista, sobre todo si existen antecedentes familiares.

¿Qué puedes hacer para proteger tu corazón?

Afortunadamente, con pequeños cambios en nuestra rutina podemos ayudar a prevenir muchos de estos factores. El doctor nos indica por dónde podemos empezar a cuidar el corazón:

  • Conoce tu riesgo. Mide tu peso, tu perímetro abdominal y tu presión arterial. Hazte analíticas periódicas y pide que incluyan la lipoproteína(a) si tienes antecedentes en tu familia.
  • Cuida tu salud bucodental. Visita al odontólogo regularmente y mantén una higiene oral rigurosa.
  • Favorece el descanso nocturno de calidad.
  • Sigue la dieta mediterránea. Rica en frutas, verduras, aceite de oliva, pescado y legumbres. Es el patrón alimentario con mayor evidencia científica en protección cardiovascular.
  • Muévete. El ejercicio físico moderado y regular es una de las herramientas más potentes para cuidar la salud.
Orientador de salud personal

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