¿Alguna vez has visto a tu hijo responder con un emoji de una llama y te has quedado pensando si estaba enfadado, feliz o simplemente hablando en otro idioma? ¿Has oído eso de "six-seven" o cualquier otra expresión que parece sacada de otro planeta? Tranquilo: probablemente no te estés haciendo mayor... bueno, quizá un poco, pero no es la explicación principal.

La realidad es que los adolescentes de hoy no son tan diferentes a los de hace 30 o 40 años. Lo que ha cambiado radicalmente es el mundo en el que están creciendo. Y entender ese contexto puede ser la clave para mejorar la convivencia en casa y también para cuidar mejor de su salud.

Del walkman al algoritmo: los adolescentes actuales juegan con otras reglas

Cada generación tiene sus códigos. Los boomers crecieron con una televisión; la generación X con el teléfono fijo; los millennials descubrieron internet poco a poco...

Pero quienes hoy tienen entre 10 y 20 años han nacido con un móvil prácticamente en la mano. Para ellos, pedir comida, buscar información, hablar con amigos o descubrir una tendencia ocurre desde la misma pantalla. Y eso cambia muchas cosas.

Según explica la doctora Rebeca González Preciado, especialista en Pediatría y sus Áreas Específicas del Hospital Universitario General de VillalbaEste enlace se abrirá en una ventana nueva, el objetivo no es juzgar a los adolescentes, sino comprender el mundo en el que viven.

Porque el contexto en el que se mueven los jóvenes actuales está marcado por la digitalización, las redes sociales, la inteligencia artificial, la inmediatez, la pandemia de Covid-19,una mayor visibilidad de la salud mental y una exposición constante a estímulos.

Cuando un emoji ya no significa lo mismo

Si alguna vez has pensado que un emoticono era universal... ¡malas noticias! La llama ya no siempre significa "qué calor hace", este emoji puede utilizarse para decir que alguien es atractivo o que algo es espectacular.

La calavera muchas veces no expresa tristeza, sino "me estoy muriendo de la risa". Y el pulgar hacia arriba, que para muchos adultos significa simplemente "de acuerdo", algunos adolescentes lo interpretan como una respuesta fría o incluso pasivo-agresiva.

Con las expresiones ocurre algo parecido. Palabras, bromas o tendencias como el famoso "six seven" o 6/7 aparecen y desaparecen a la velocidad de un vídeo de apenas unos segundos. Mientras los adolescentes entienden perfectamente la referencia, muchos adultos se quedan completamente fuera de la conversación.

Y no pasa nada. No hace falta aprenderse todo el diccionario de internet para conectar con tu hijo adolescente.

El cerebro adolescente sigue siendo el mismo

Aunque parezca que viven en una realidad completamente distinta, desde el punto de vista biológico su cerebro continúa atravesando el mismo proceso de maduración que el de generaciones anteriores.

La diferencia es el escenario. Tal y como explica la doctora, los más jóvenes están creciendo "en un mundo muy diferente y complicado, para ellos y para nosotros también".

La corteza prefrontal, que es la zona encargada de regular, controlar impulsos o tomar decisiones, todavía está desarrollándose. Además, al mismo tiempo, reciben una cantidad de información, estímulos y opiniones muy superior a la que tuvieron sus padres o abuelos cuando tenían esa edad.

Por eso es habitual que busquen emociones intensas, les cueste esperar o reaccionen con intensidad ante situaciones que a un adulto pueden parecerle pequeñas.

Conversación entre padre e hijaConversación entre padre e hija

¿Por qué parece que la adolescencia dura más?

Muchos padres tienen la sensación de que la adolescencia empieza antes y termina mucho después.

La especialista explica que diversos factores pueden estar contribuyendo a esa percepción: la hiperestimulación, el uso continuo de pantallas, la falta de momentos de silencio o la menor tolerancia a la frustración hacen que esta etapa parezca prolongarse más que hace unas décadas.

No significa que los adolescentes sean peores. Simplemente afrontan retos distintos.

Redes sociales, salud mental y mucha presión en el adolescente

Las redes sociales también han cambiado la manera de construir la identidad.

Antes, la comparación terminaba al salir del instituto. Hoy continúa las 24 horas del día.

La especialista reconoce que todavía queda mucho por investigar sobre el efecto de esta transformación digital, pero sí se detecta un aumento de problemas como la ansiedad, los trastornos del comportamiento o la depresión en adolescentes e incluso en niños cada vez más pequeños.

Al mismo tiempo, existe un aspecto positivo: nunca se había hablado tanto de salud mental. Muchos jóvenes identifican mejor lo que sienten y piden ayuda con más naturalidad que generaciones anteriores. Esa mayor conciencia emocional ha hecho que, en ocasiones, se les etiquete como "la generación de cristal". Sin embargo, la doctora invita a ser más comprensivos. En lugar de interpretar esta mayor expresión emocional como una señal de fragilidad, considera que refleja un cambio en el que los adolescentes se sienten más libres para hablar de lo que les ocurre y pedir ayuda cuando la necesitan.

Si tienes un hijo adolescente, ¿cómo puedes entenderle mejor?

La respuesta quizá sea más sencilla de lo que parece. La doctora insiste en que el primer paso consiste en dejar a un lado los prejuicios y escuchar. Comprender que no viven en el mismo mundo que nosotros permite acercarse a ellos con menos enfrentamientos y más empatía.

No hace falta saber qué significa cada nueva palabra de moda ni memorizar todos los emojis. Lo importante es que sepan que, cuando realmente necesiten hablar, habrá un adulto dispuesto a escuchar sin juzgar.

"Hay que estar cerca de ellos para darnos cuenta de lo que les pasa y ser un apoyo. No hay que pensar que, como ya son adolescentes, son casi adultos y no nos necesitan; sí nos necesitan, pero hay que entender cómo lo hacen", añade la especialista.

Porque, aunque a veces parezca que hablan otro idioma, siguen necesitando exactamente lo mismo que cualquier adolescente de hace cuarenta años: sentirse comprendidos, acompañados y seguros.

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