¿Qué es un ictus isquémico? Síntomas, causas y tratamientos
Te contamos qué ocurre durante las primeras 24 horas, cómo reconocer un infarto cerebral y por qué debes actuar con rapidez
De repente, no puedes caminar con normalidad, las palabras no te salen o intentas hablar, pero nadie te entiende. También puede ocurrir que dejes de notar un lado de la cara o que no consigas levantar uno de los brazos. ¿Se pasará en unos segundos? ¿Es necesario acudir a Urgencias?
Los primeros síntomas de un ictus pueden ser tan inesperados que nos dejen desconcertados sin saber qué hacer. Sin embargo, esperar a que desaparezcan puede tener consecuencias graves. El ictus isquémico es una emergencia médica y actuar rápidamente resulta fundamental para evitar daños cerebrales irreversibles.
Por eso, en este artículo te contamos cómo reconocer las señales de alarma de un ictus, qué hacer ante los primeros síntomas y qué ocurre durante las primeras 24 horas, además de conocer sus causas y los tratamientos disponibles.
¿Qué es un ictus isquémico y por qué se produce?
Este tipo de ictus, también conocido como infarto o embolia cerebral, ocurre cuando un coágulo o una obstrucción bloquea una arteria e impide que la sangre llegue correctamente a una zona del cerebro.
Como consecuencia, las células cerebrales dejan de recibir el oxígeno y los nutrientes que necesitan para funcionar. Si la circulación no se restablece rápidamente, pueden producirse lesiones neurológicas permanentes. De hecho, el ictus isquémico es el tipo más frecuente y representa entre el 85 % y el 90 % de todos los ictus.
El doctor Oriol Franch Ubia, jefe del servicio de Neurología del Hospital Ruber Internacional
, advierte de que "es fundamental reconocer los signos iniciales del ictus y actuar rápidamente, ya que el tiempo es vital: cada minuto que pasa sin tratamiento, millones de neuronas están en riesgo de muerte". Y es que, cuando hablamos de un ictus, cada segundo cuenta.
¿Cuáles son las causas del ictus isquémico?
Una de las principales causas es la aterosclerosis, que se produce cuando se acumulan placas de grasa en las paredes de las arterias. Estas placas pueden estrechar los vasos sanguíneos, bloquear la circulación de la sangre o favorecer la formación de coágulos.
También existen enfermedades cardíacas que aumentan el riesgo de sufrir este accidente cerebrovascular. Es el caso de determinadas arritmias, como la fibrilación auricular, que pueden favorecer la formación de coágulos en el corazón que posteriormente llegan al cerebro.
Pero ¿puede sufrir un ictus una persona joven? Aunque el riesgo aumenta con la edad, también puede ocurrir antes. En este sentido, el doctor nos indica que pueden intervenir causas menos habituales, como la disección de la arteria carótida, que consiste en una lesión de su pared, o ciertas alteraciones congénitas del corazón, como el foramen oval permeable.
Además, existen factores que aumentan las probabilidades de desarrollar un ictus, entre ellos la hipertensión arterial, el colesterol elevado, la diabetes, el tabaquismo y el sedentarismo.
Primeros síntomas del ictus: cómo reconocer las señales de alarma
Imagina que estás desayunando tranquilamente y, de repente, no puedes sujetar bien la taza. O que alguien de tu familia empieza a hablar de forma extraña y no consigues entender lo que dice. Estas situaciones pueden ser indicios de un ictus, sobre todo cuando surgen de repente.

Entre los síntomas más frecuentes se encuentran:
- Dificultad para hablar o comprender: la persona no encuentra las palabras, habla de manera confusa o no entiende lo que le dicen.
- Pérdida de fuerza o sensibilidad: puede afectar a la cara, un brazo o una pierna, generalmente de un solo lado del cuerpo.
- Alteraciones de la visión: pérdida repentina de visión en uno o ambos ojos o visión doble.
- Dificultad para caminar: problemas para mantener el equilibrio, pérdida de coordinación o inestabilidad repentina.
- Dolor de cabeza muy intenso y repentino: surge de forma inesperada sin una causa concreta y con una intensidad que no habíamos experimentado nunca.
¿Qué hacer si sospechas que alguien está sufriendo un ictus?
Si crees que tú o un familiar puede estar presentando un ictus, la recomendación es llamar al servicio de emergencias lo antes posible.
No esperes a comprobar si la persona mejora, cada segundo cuenta. Como destaca el doctor, "la atención médica rápida puede ser la diferencia entre la vida y la muerte, o entre una recuperación completa y una discapacidad permanente".
Mientras llega la ayuda, es importante recordar a qué hora comenzaron los síntomas o cuándo fue la última vez que la persona se encontraba bien. Esta información puede resultar útil para elegir el tratamiento.
Tampoco conviene ofrecerle comida, bebida o medicamentos por iniciativa propia, ya que podría tener dificultades para tragar y todavía no se conoce el tipo de ictus.
¿Y si los síntomas desaparecen después de unos minutos? También es conveniente solicitar atención médica urgente. En ocasiones, los síntomas transitorios pueden corresponder a un accidente isquémico transitorio (AIT), una señal de alarma que requiere valoración inmediata.
¿Qué sucede durante las primeras 24 horas de un ictus?
Las primeras horas son decisivas para limitar el daño cerebral y aumentar las posibilidades de recuperación.
Cuando una persona llega al hospital con sospecha de ictus, se activa el denominado Código Ictus, un conjunto de protocolos que permite coordinar la actuación de los profesionales sanitarios y acelerar el diagnóstico y el tratamiento.
El primer objetivo es determinar si se trata de un ictus isquémico, causado por una obstrucción, o de un ictus hemorrágico, producido por la rotura de un vaso sanguíneo. Para ello, se realiza un examen físico y pruebas de diagnósticas de imagen cerebral, como una tomografía computarizada (TAC) o una resonancia magnética.
El uso de estos equipos permite identificar el tipo de ictus, localizar la zona afectada y valorar si existe tejido cerebral que todavía puede recuperarse.
¿Qué otras pruebas se realizan para conocer la causa?
En algunos pacientes, las primeras exploraciones permiten identificar rápidamente el origen de la obstrucción. En otros, es necesario ampliar el estudio.
El doctor Franch explica que pueden realizarse ecografías de las arterias cerebrales, ecocardiografías y monitorización electrocardiográfica prolongada. Estas pruebas ayudan a detectar estrechamientos arteriales, alteraciones cardíacas o arritmias que hayan podido provocar el ictus.
Durante estas primeras 24 horas también es fundamental vigilar cómo evoluciona el paciente que acaba de sufrir el infarto cerebral y controlar sus constantes vitales.
Tratamiento del ictus isquémico: cómo se elimina el coágulo
El abordaje de esta enfermedad depende de diferentes factores, como el tiempo transcurrido desde el inicio de los síntomas, la arteria afectada y los resultados de las pruebas de imagen.
Durante la fase aguda, el objetivo primordial es que la sangre vuelva a circular en el cerebro lo antes posible y, para conseguirlo, existen dos procedimientos:
Fibrinolisis intravenosa: disolver el coágulo
Este tratamiento consiste en administrar un medicamento que ayuda a disolver el coágulo responsable de la obstrucción. Eso sí, debe iniciarse dentro de las primeras cuatro horas y media desde el comienzo de los síntomas.
No obstante, en determinados casos, las pruebas de neuroimagen pueden identificar tejido cerebral que todavía puede salvarse y, en esa situación, valorar su administración fuera de ese plazo habitual.
Trombectomía mecánica: extraer el coágulo
Otra opción es una intervención mínimamente invasiva, conocida como trombectomía mecánica, que permite retirar el coágulo mediante dispositivos introducidos a través de las arterias.
Esta técnica se utiliza en determinados pacientes, especialmente cuando existe una obstrucción de una arteria cerebral de gran calibre.
¿Qué sucede después de un ictus isquémico?
Superada la fase aguda, comienza la etapa de prevenir un nuevo ictus y favorecer la recuperación. Según explica el neurólogo, se establece un tratamiento personalizado a largo plazo, "lo que denominamos prevención secundaria cuyo objetivo es reducir el riesgo de recurrencia del infarto".
Por lo general, se trata de incorporar una serie de hábitos saludables:
- Mantener el control adecuado de la hipertensión arterial y el colesterol alto.
- Seguir una dieta mediterránea.
- Realizar ejercicio con regularidad y adaptado.
- Dejar de fumar.
- Evitar el alcohol.
- Tomar tratamientos médicos prescritos por el especialista, que pueden variar según lo que haya desencadenado el ictus.
Por otro lado, el doctor añade que, en determinados casos, pueden indicarse otros tratamientos quirúrgicos: "se pueden realizar intervenciones invasivas para corregir estrechamientos severos de las arterias carótidas o reparaciones cardíacas si hay defectos que contribuyen al riesgo de embolias".
A todo ello hay que sumar que la recuperación después de un ictus puede requerir rehabilitación física, terapia del lenguaje u otros tratamientos especializados.
¿La idea más importante que debemos recordar? Un ictus no siempre provoca dolor y sus síntomas pueden parecer desconcertantes en un primer momento. Pero nunca debemos restarles importancia.
Es importante aprender a reconocer los signos de alarma, llamar a emergencias y recibir atención especializada de manera inmediata, ya que esto puede cambiar el pronóstico. Ante un ictus isquémico, el tiempo es oro.

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