Pequeños excesos del verano que tu salud digestiva sí nota
Hábitos y cambios en alimentación que pueden pasar factura a tu digestión: helados, horarios caóticos, picnics o comidas copiosas
Las vacaciones tienen algo que nos hace creer que todo vale. Desayunar a las doce, comer una paella a las cuatro de la tarde, cenar en una terraza a las once de la noche y terminar el paseo marítimo con un helado porque estamos de vacaciones. Si además entre medias cae un aperitivo en el chiringuito, unas tapas con los amigos y un picnic durante una excursión, mejor que mejor.
Y no pasa absolutamente nada por disfrutar. El problema llega cuando esos pequeños caprichos dejan de ser una excepción y se convierten en la rutina de todo el verano. Ahí es cuando podemos empezar a notar digestiones pesadas, ardor, acidez, estreñimiento, diarrea o esa incómoda sensación de que el estómago también nos pide vacaciones.
En este artículo repasamos los errores más frecuentes a la hora de comer y cenar en vacaciones y sus consecuencias en la salud digestiva. ¿Cometes alguno de estos hábitos en verano?
Se puede comer de todo en vacaciones, ¿seguro?
Aunque es un buen momento para desconectar y no contar calorías, no debemos olvidarnos por completo de los hábitos saludables.
La doctora Jimena Soledad Abilés Osinaga, especialista en Endocrinología y Nutrición de los hospitales Quirónsalud Marbella
y Quirónsalud Campo de Gibraltar
, recuerda que una excepción puntual no supone ningún problema. Disfrutar de un helado, una comida especial o una cena con amigos forma parte del verano, siempre que esos excesos no se conviertan en el plan de todos los días.
Incluso entre los helados hay diferencias. Si elegimos uno elaborado con yogur o un sorbete, nos aportará menos calorías que otro más cremoso. Pero si finalmente nos apetece uno más contundente, ¡lo mejor es disfrutarlo! En este caso, la doctora indica que "es preferible darnos el gusto y degustarlo en sustitución de una comida para garantizar el mismo o similar aporte calórico al final del día".
Comidas y cenas sin horarios: así afecta a la digestión
En verano los relojes parecen funcionar de otra manera. Hoy desayunas a las nueve, mañana a las doce, comes cuando encuentras mesa libre y cenas cuando por fin baja el calor. Nuestro aparato digestivo, sin embargo, puede sufrir las consecuencias de este cambio de rutinas.

Los horarios irregulares tan típicos del verano pueden acabar haciéndonos sufrir el llamado estreñimiento vacacional, alterar la microbiota – esas miles de bacterias que viven en el intestino – e incluso dificultar el descanso.
En cualquier caso, no se trata de comer a la misma hora que durante el resto del año, pero sí de mantener cierta regularidad. La doctora Abilés insiste en la importancia de conservar una rutina, no saltarse comidas y priorizar alimentos que aporten energía y nutrientes.
Comer demasiado rápido, un clásico del verano
Después de una mañana entera en la playa, un paseo por la montaña o varias horas en la piscina es lógico tener mucha hambre. Y esto puede hacernos devorar los alimentos muy rápido como si alguien fuera a quitarnos el plato.
Pasa también en los bufés de hotel, llenamos el plato hasta arriba y empezamos a comer a toda velocidad, pensando en repetir o probar algo más.
Este hábito que parece tan inofensivo en verano es uno de los errores que nos puede llevar a ganar unos kilitos de más en vacaciones. En este sentido, Elena de la Fuente Hidalgo, especialista en Endocrinología y Nutrición del Hospital Quirónsalud San José
, señala que hay que tener en cuenta que la sensación de saciedad tarda alrededor de 30 minutos en llegar al cerebro. Por eso recomienda terminar primero lo que ya tenemos servido y esperar unos minutos antes de repetir. Muchas veces descubrimos que, en realidad, ya habíamos comido suficiente.
Comidas copiosas en vacaciones: un error muy común en verano
Empiezas compartiendo unas raciones para picar. Después llega el arroz. Luego el postre y, por supuesto, un helado paseando antes de volver al apartamento. No hace falta renunciar al chiringuito ni pedir una ensalada cada vez que se sale a comer fuera. Pero tampoco conviene convertir cada comida en un festival de fritos.
Por eso el doctor Juan Antonio Arévalo Serna, especialista en Aparato Digestivo del Hospital Quirónsalud Bizkaia
, recomienda moderar el consumo de fritos, alimentos muy grasos, rebozados y bebidas alcohólicas, priorizando preparaciones más sencillas como pescados o carnes a la plancha, marisco o verduras.
Otro truco sencillo para evitar excesos en las comidas de verano consiste en cambiar las patatas fritas por una ensalada o elegir platos elaborados a la plancha, al horno o a la brasa. Tu digestión lo agradecerá.
Las cenas copiosas también pueden dificultar el descanso
Después de un día entero de playa llegan las cenas con amigos, el picoteo, el postre, el helado del paseo... y, casi sin darnos cuenta, terminamos comiendo mucho más de lo habitual.
Además de hacer más pesadas las digestiones, una cena abundante puede dificultar el descanso nocturno. Lo ideal es optar por platos ligeros y fáciles de digerir, sin olvidar una buena fuente de proteínas que favorezca la recuperación muscular. Un revuelto de verduras o una pechuga de pollo a la plancha son recetas saludables para cerrar una jornada de mucho calor.
Poca agua, poca fruta y poca fibra: el cóctel perfecto para el estreñimiento vacacional
Con el calor solemos acordarnos antes del helado que de la fruta. Y, a menudo, sustituimos el agua por refrescos o cerveza, pensando que hidratan igual. Sin embargo, la combinación de menos agua, menos fibra y cambios de horarios suele tener un resultado el estreñimiento vacacional.
El doctor Alejandro Hernández Camba, especialista en Aparato Digestivo del Hospital Quirónsalud Tenerife
, explica que los cambios de rutina, pasar más tiempo fuera de casa y la mayor deshidratación propia del verano hacen que sea más frecuente sufrir estreñimiento durante las vacaciones.
Para prevenirlo conviene aumentar el consumo de frutas, verduras, cereales integrales y frutos secos, además de mantener una buena hidratación. Si la verdura caliente te apetece menos en estos meses, puedes optar por sus alternativas perfectas como gazpachos, salmorejos, cremas frías o ensaladas variadas. Fresquitos, ligeros y saludables.
Seguridad alimentaria: cuidado con la comida al sol
Pocos planes son tan divertidos como preparar unos bocadillos, llenar la nevera portátil y pasar el día en la playa, la piscina o de excursión por la montaña. El problema aparece cuando no se toman precauciones básicas como elegir alimentos que resistan bien el calor o descuidar la higiene.
El doctor Rafael Cuenca Acevedo, jefe del servicio de Medicina Interna del Hospital Quirónsalud Córdoba
, recuerda que durante el verano es "esencial extremar las precauciones en la conservación de los alimentos para evitar el riesgo de intoxicaciones". Las altas temperaturas favorecen la proliferación de bacterias responsables de gastroenteritis e intoxicaciones alimentarias, que pueden provocar diarrea, náuseas, vómitos, fiebre o dolor abdominal.
Si no quieres que una diarrea veraniega sabotee tus planes de verano, es fundamental que revises las medidas básicas de seguridad alimentaria. Utiliza neveras portátiles, elige alimentos que aguanten el calor, no dejes la comida cocinada durante horas a temperatura ambiente y lávate las manos antes de comer.
¿Es seguro el hielo de cualquier bebida?
Cuando viajamos, sobre todo a destinos exóticos, conviene prestar atención a algo que suele pasar desapercibido: el hielo con el que se preparan algunas bebidas.
Si no estamos seguros de que se ha elaborado con agua potable, lo más prudente es evitarlo. Es una pequeña precaución que puede prevenir que una gastroenteritis arruine nuestro viaje soñado.
Moverse cuida la salud digestiva
Admitamos que el calor invita a tumbarnos en la toalla o en el sofá y no hacer nada. Pero pasar varios días alternando tumbona, restaurante, coche y sofá también puede afectar a la salud digestiva.
Para evitarlo, es tan sencillo como elegir una actividad que nos guste y que incluso podamos realizar con familia o amigos. Caminar por la playa, jugar a las palas, nadar o simplemente dar un paseo al atardecer favorece el tránsito intestinal, ayuda a prevenir el estreñimiento y nos mantiene fuertes.
Las vacaciones están para disfrutar del chiringuito, del sorbete en el paseo, del picnic en la montaña o de esa paella frente al mar que llevas esperando todo el año. No hace falta renunciar a nada de eso. Basta con mantener un poco de sentido común: conservar bien los alimentos, beber suficiente agua, no olvidar la fruta y las verduras, evitar los excesos diarios y seguir moviéndose un poco, aunque la toalla tenga un poder de atracción difícil de explicar.

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