Piscina y playa: errores de higiene que favorecen infecciones
¿Sabías que caminar descalzo, compartir toallas o no secarte bien pueden afectar a tu salud?
¿Hay algo más veraniego que zambullirse en el agua cuando el calor aprieta? Playa, piscina, chapuzones, toallas al sol y pies descalzos por todas partes. El plan suena perfecto. El problema es que, entre baño y baño, hay algunos hábitos tan habituales que casi ni los notamos… y ahí es donde empiezan muchas de las infecciones del verano.
La buena noticia es que no hace falta dejar de disfrutar del agua. Basta con revisar unos cuantos gestos cotidianos que, sin saberlo, pueden favorecer hongos, irritaciones, conjuntivitis o incluso otitis. Vamos, que no se trata de vivir con miedo, sino de no regalarle trabajo de más a bacterias, virus y hongos.
Caminar descalzo todo el rato
Hace calor, los pies piden libertad y, claro, muchas veces vamos de la toalla al chiringuito, del borde de la piscina al baño o de la arena al paseo sin calzado. Parece un detalle sin importancia, pero no lo es tanto.
Caminar descalzo en zonas húmedas o de uso común favorece la aparición del conocido pie de atleta, una infección por hongos que puede causar picor, descamación, grietas y bastante fastidio. Y ya sabemos que el picor en verano tiene un talento especial para aparecer justo cuando menos te conviene.
El doctor Javier Alfaro, director de la Unidad del Pie de Policlínica Gipuzkoa
, recomienda "evitar caminar descalzo en duchas y vestuarios, no usar chanclas como barrera de protección y no compartir calzado ni toallas". Y después de cada baño, seca muy bien los pies, sin olvidarte los huecos entre los dedos.
No secarse bien después del baño
¿Eres de los que les gusta secarse al aire después de un buen chapuzón? Pues bien, debes saber que la humedad prolongada es una invitada bastante incómoda en verano. En la piel, en el oído y en otras zonas del cuerpo, ese exceso de agua puede favorecer problemas que luego nos amargan la jornada.

La otitis externa es uno de los clásicos de esta época, sobre todo en niños. El doctor Daniel Ruiz Díaz, especialista en Pediatría y sus Áreas Específicas del Hospital Quirónsalud Córdoba
, explica que "esta infección del oído externo se produce por un exceso de humedad en el conducto auditivo".
Por eso, al salir del agua conviene secarse bien, especialmente los oídos. Y aquí va una aclaración importante: los bastoncillos no ayudan. Al contrario, pueden empujar el cerumen hacia dentro y provocar taponamientos.
Si nadas con frecuencia, el uso de tapones a medida para el agua puede ayudarte a prevenir esta enfermedad tan típica del verano. Y si notas dolor, sensación de oído tapado o molestia persistente, mejor no dejarlo pasar y acudir lo antes posible al centro hospitalario.
No cambiar el bañador húmedo
Este es uno de esos errores típicamente veraniegos que parecen inofensivos, pero que en realidad no lo son. El hecho de llevar el bañador mojado durante horas favorece la humedad en zonas sensibles y puede contribuir a la aparición de infecciones de orina, siendo las mujeres las más vulnerables, llegando a encadenar una infección tras otra.
Lo ideal es cambiarse el bañador cuando se pueda, sobre todo si ya lleva un buen rato húmedo. También ayuda beber suficiente agua durante el día, así que evita pasar toda la tarde o toda la mañana tumbado en la playa o la piscina sin hidratarte.
Y otro gesto útil es que no aguantes la orina demasiado tiempo, aunque estés muy a gusto dentro del agua. Se recomienda ir al baño cada dos o tres horas para que la vejiga no se convierta en un pequeño spa para microorganismos, que bastante tienen con el verano.
Compartir toallas
Hay costumbres que parecen inocentes y no lo son tanto. Compartir toalla con la familia o con amigos puede facilitar el contagio de gérmenes y bacterias, y en verano eso se traduce muchas veces en problemas oculares como la conjuntivitis.
Los ojos están muy expuestos al contacto con el agua del mar y de la piscina. Pueden irritarse con facilidad y, en algunos casos, acabar con una conjuntivitis infecciosa causada por microorganismos presentes en el agua.
La doctora Merce Guarro Miralles, responsable de Oftalmología del Hospital Universitari Sagrat Cor
, recomienda ducharse después del baño para quitar el cloro o la sal, y también "evitar secar los ojos con demasiada fricción".
No ducharse antes ni después del baño
La ducha antes del chapuzón no es un capricho de veraneante ordenado. Tiene bastante sentido. Ayuda a retirar restos de crema, sudor o suciedad que podrían reaccionar con el cloro de la piscina y, además, prepara la piel para el contacto con el agua.
Y después del baño, todavía más. Una ducha al salir sirve para quitar el cloro, la sal y la arena, que no siempre se llevan bien con la piel, el pelo o los ojos. El cloro puede resecar el cabello y volverlo más quebradizo, mientras que la piel puede quedarse tirante o irritada.
Una rutina sencilla puede ser la mejor aliada: ducha antes, baño, ducha después y, en casa, crema hidratante. Si además añades un buen protector solar y un secado correcto, ya tienes medio verano ganado.
La playa y la piscina están para disfrutar, descansar y refrescarse. Pero también para recordar que la higiene en verano importa más de lo que parece.
No hace falta volverse exagerado ni llevar una lista mental de prohibiciones. Basta con incorporar pequeños hábitos: calzado en zonas comunes, secado correcto, bañador seco, toalla propia y ducha antes y después del baño. Son medidas fáciles que ayudan a prevenir problemas muy comunes en esta época.

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