Piscinas, playas, ríos, lagos, excursiones en barco… El verano multiplica los planes en torno al agua, y también la necesidad de extremar la prudencia. Para los niños, estos espacios son una fuente de diversión, pero también un entorno donde los accidentes pueden ocurrir en cuestión de segundos.

Los ahogamientos siguen siendo un problema de salud pública de primer orden. De hecho, son una de las principales causas de muerte accidental en la infancia y la adolescencia, y además pueden dejar secuelas graves, incluso cuando la situación no termina en fallecimiento.

Para entender cómo prevenirlos y qué medidas son esenciales en el agua, hemos acudido a la consulta de la doctora Raquel Fernández Martínez, especialista en Pediatría y sus Áreas Específicas del Hospital Quirónsalud BizkaiaEste enlace se abrirá en una ventana nueva.

Por qué es tan importante la seguridad infantil en el agua

En verano los niños pasan mucho más tiempo cerca del agua, y eso aumenta la exposición al riesgo. La mayoría de las familias piensa en la piscina o en la playa como espacios de ocio, y lo son, pero, precisamente por eso, no podemos bajar la guardia.

Una madre vigila a sus hijos, que están dentro de la piscina jugando

Qué niños tienen más riesgo de sufrir un accidente en el agua

Los más vulnerables son los menores de un año, porque todavía no tienen capacidad para moverse ni para protegerse. Incluso una cantidad pequeña de agua puede ser peligrosa para ellos.

Entre los 1 y los 4 años, el riesgo sigue siendo alto por otra razón: todavía no tienen una conciencia real del peligro, se mueven con rapidez y pueden acercarse al agua sin comprender las consecuencias.

En los adolescentes, el problema suele estar en otro punto: a veces participan en juegos, retos o actividades que les hacen subestimar el riesgo, y además suelen estar menos vigilados por los adultos.

La supervisión de los niños en la playa y la piscina: la clave para prevenir ahogamientos

Es la medida más importante para prevenir ahogamientos u otros peligros en el agua. En este sentido, cabe destacar que ningún dispositivo sustituye la vigilancia directa de un adulto. Un niño, tenga la edad que tenga y sepa o no nadar, debe estar siempre al alcance del cuidador cuando está cerca del agua.

Esta supervisión debe ser todavía más estricta en piscinas privadas donde no hay socorrista. Hay que tener en cuenta que el socorrista ayuda a garantizar la seguridad, pero no sustituye al adulto responsable. Está para rescatar y actuar en caso de emergencia, pero la vigilancia cotidiana de los menores sigue siendo responsabilidad de los padres o cuidadores.

Cómo mejorar la seguridad en la piscina y reducir el riesgo de accidentes

Hay varias medidas muy útiles. Una de las más eficaces es colocar barreras físicas como vallas alrededor de la piscina, puertas con cierre automático y cubiertas cuando no se utiliza.

También es importante la señalización correcta de la profundidad y respetar siempre las normas de salto. No debería permitirse tirarse de cabeza en zonas poco profundas. De hecho, solo debe estar permitido cuando la profundidad supere los 1,80 metros, y lo más seguro es tirarse de pie.

Y, por supuesto, conviene que los niños aprendan a nadar, sobre todo a partir de los 4 años. En cualquier caso, hay que tener claro que saber nadar no elimina el riesgo, por lo que sigue siendo vital vigilar al menor mientras está en el agua.

¿Es lo mismo bañarse en una piscina que en el mar o en un río?

No, en absoluto. Saber nadar en una piscina no significa estar preparado para enfrentarse al mar, a un río o a un pantano.

Cada entorno tiene sus propias dificultades: corrientes, oleaje, cambios de profundidad o zonas resbaladizas. Por eso, incluso los niños que ya saben nadar deben estar supervisados también fuera de la piscina.

Aprender RCP: una habilidad que puede salvar vidas

Saber realizar maniobras de reanimación cardiopulmonar puede marcar la diferencia en una situación urgente.

Por eso es importante que adultos, adolescentes e incluso niños mayores conozcan al menos los pasos básicos y sepan que, ante un posible ahogamiento, lo primero es sacar a la persona del agua lo más rápido posible y pedir ayuda de inmediato.

Cuándo deben usar chaleco salvavidas los niños

Si tu hijo no sabe nadar o tiene una discapacidad, debe llevar siempre chaleco salvavidas cuando esté cerca del agua, tanto en la orilla como dentro de una embarcación, esté parada o en movimiento. También es recomendable en cualquier actividad acuática.

En cambio, los flotadores o manguitos pueden generar una falsa sensación de seguridad, así que no deben sustituir nunca la vigilancia.

Preguntas frecuentes sobre seguridad infantil en el agua

¿Un niño puede ahogarse en poca cantidad de agua?

. Los menores de un año son especialmente vulnerables, incluso con una cantidad pequeña de agua.

¿Basta con que haya socorrista para estar tranquilos?

No. El socorrista es muy importante, pero no sustituye la vigilancia directa de un adulto.

¿Saber nadar evita los ahogamientos?

No por completo. Saber nadar reduce riesgos, pero no elimina la necesidad de supervisión.

¿Son útiles los manguitos y flotadores?

Pueden ayudar como apoyo, pero no deben generar una falsa sensación de seguridad ni sustituir el control adulto.

¿A partir de qué edad pueden aprender a nadar?

Suele recomendarse a partir de los 4 años, aunque el momento debe individualizarse según cada niño.

¿Qué hago si veo a alguien en peligro en el agua?

Sacar a la persona del agua lo antes posible, pedir ayuda y, si se sabe, iniciar las maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) cuanto antes.

Los accidentes en el agua pueden evitarse en gran medida con vigilancia, barreras de seguridad, educación y conocimiento de primeros auxilios. El verano está para vivirlo, pero también para hacerlo con prudencia.

Orientador de salud personal

Orientador de salud personal

¿Necesitas más información sobre esta prueba o tratamiento? Tengas o no seguro médico, nuestro equipo de expertos de Quirónsalud te ayudará de forma gratuita.

Etiquetas