Seguro que la escena te resulta familiar. Acabas de comer en el chiringuito, los niños ya están con el flotador puesto y alguien pronuncia la frase más repetida del verano: "¡No te metas todavía al agua, que te va a dar un corte de digestión!"

Curiosamente, esas mismas personas no suelen poner ninguna pega si te lanzas al mar después de una hora jugando al vóley playa, corriendo por la arena o tomando el sol bajo un calor sofocante. ¿Entonces en qué quedamos? ¿El peligro está realmente en la comida o hay algo más?

La respuesta es que el famoso "corte de digestión" es uno de los grandes mitos del verano. Lo que de verdad aumenta el riesgo no es únicamente haber comido, sino los cambios bruscos de temperatura.

El gran error: pensar que el problema es la digestión

Aunque todos seguimos hablando de "corte de digestión", el término médico correcto es hidrocución.

La doctora Adelaida Isabel Sánchez Bacallao, jefa de Pediatría y sus Áreas Específicas del Hospital Quirónsalud MarbellaEste enlace se abrirá en una ventana nueva, explica que este problema "se produce como consecuencia de un cambio brusco de temperatura al entrar de manera precipitada en agua fría; esos grados de diferencia provocan una reacción de los vasos sanguíneos (se estrechan) y, por tanto, fluye menos sangre al cerebro, lo que puede originar un desmayo".

Es decir, el riesgo no aparece únicamente por haber comido. También puede ocurrir después de hacer ejercicio intenso, tras pasar mucho tiempo tomando el sol o en cualquier situación en la que el cuerpo esté muy caliente y entre de golpe en agua fría.

Un hombre sufre mareo o dolor de cabeza dentro de la piscinaUn hombre sufre mareo o dolor de cabeza dentro de la piscina

Entonces, ¿puedo bañarme después de comer?

La respuesta no es un sí o un no rotundo. Depende, sobre todo, de dos factores: cómo ha sido la comida y cómo entras en el agua.

Si has comido de forma ligera, lo habitual es que puedas bañarte sin problema siempre que lo hagas de forma gradual, mojándote primero las piernas, los brazos y la nuca antes de sumergirte.

En cambio, si acabas de terminar una comida muy abundante, rica en grasas o especialmente copiosa, es recomendable esperar un tiempo antes de bañarte. Durante la digestión el organismo concentra una gran cantidad de sangre en el aparato digestivo y conviene no añadir un esfuerzo extra con un contraste térmico importante.

Como resume la doctora, "si se ha comido ligero, basta con ir aclimatando el cuerpo al agua e introducirnos de manera escalonada en la playa o piscina. Pero si la comida ha sido muy copiosa, conviene esperar antes de meterse en el agua".

El verdadero error: lanzarse al agua de golpe

Este sí es un hábito que conviene evitar.

Después de jugar un partido de vóley playa, correr por la arena o pasar una hora al sol, lo más apetecible suele ser tirarse de cabeza al agua. Sin embargo, ese cambio brusco de temperatura es precisamente el que puede desencadenar una hidrocución.

La doctora indica que "la mayor incidencia de casos se produce en personas que se bañan tras haber realizado ejercicio físico o haber tomado el sol durante un tiempo prolongado".

La mejor forma de prevenirlo es mucho más sencilla de lo que parece, solo hay que entrar poco a poco, mojando primero los brazos y las piernas, y dejar que el cuerpo se adapte antes de sumergirnos completamente. Puede parecer un gesto sin importancia, pero reduce considerablemente el impacto del contraste térmico.

¿Cómo saber si puede tratarse de una hidrocución?

Aunque no es frecuente, conviene reconocer sus síntomas para actuar con rapidez.

Algunas señales de alerta son:

  • Palidez.
  • Escalofríos.
  • Mareo.
  • Visión borrosa.
  • Náuseas.
  • Vómitos.

Si aparecen estas señales, hay que sacar a la persona del agua inmediatamente, colocarla en un lugar seguro, mantenerla abrigada para recuperar temperatura y solicitar valoración médica.

¿Pasar mucho tiempo en el agua también es peligroso?

En general, permanecer bastante tiempo en la piscina o en el mar no supone un problema para la mayoría de las personas.

Sin embargo, algunos niños con asma pueden ser más sensibles a la exposición prolongada al agua, especialmente en piscinas con niveles elevados de cloro. En estos casos conviene limitar el tiempo de baño, acudir a instalaciones bien mantenidas y llevar siempre la medicación de rescate si está prescrita.

En resumen, no hay que esperar dos horas exactas después de comer para bañarse como si fuera una norma universal. Lo realmente importante es evitar los cambios bruscos de temperatura, no lanzarse al agua cuando el cuerpo está muy caliente y actuar con prudencia si nos hemos dado un banquete de comida.

Al final, el problema no suele ser el bocadillo o la paella del chiringuito. El verdadero riesgo surge cuando olvidamos que nuestro cuerpo también necesita unos minutos para adaptarse al agua.

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