7 trastornos mentales muy comunes y los signos de alerta
Conoce los síntomas de ansiedad, depresión, TDAH y otros problemas de salud mental y descubre cuándo pedir ayuda
¿Últimamente te cuesta concentrarte, duermes peor o sientes una preocupación que no consigues apagar? Todos podemos atravesar épocas complicadas, pero cuando determinados cambios se mantienen en el tiempo y afectan a nuestra vida cotidiana pueden convertirse en signos de alerta de un problema de salud mental.
Ansiedad, depresión, TDAH, trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), trastornos de la conducta alimentaria o esquizofrenia pueden afectar al bienestar y a la vida familiar, social, académica o laboral. A ellos se suma el estrés, una respuesta natural del organismo que, cuando se prolonga o nos desborda, también puede perjudicar nuestra salud.
En este artículo te hablamos de 7 problemas de salud mental frecuentes y sus señales de alerta.
1. Ansiedad: cuando la preocupación no se apaga
Sentir ansiedad ante una entrevista de trabajo, un examen o una situación complicada forma parte de la vida. El problema aparece cuando la preocupación y el estado de alerta se mantienen, resultan difíciles de controlar e interfieren en el día a día.
El doctor Joan Francesc Serra Pla, psicólogo clínico adjunto en Hospital Quirónsalud Digital, explica que la ansiedad crónica se caracteriza por "un estado persistente de preocupación y activación fisiológica" que puede mantenerse durante meses o años, incluso cuando no existe una amenaza real.
No se trata, por tanto, simplemente de "gestionar mal el estrés". En la ansiedad intervienen diferentes factores biológicos, temperamentales, cognitivos y ambientales. Por eso, también es importante abordar el problema de forma adecuada y adaptada a cada persona.
Además, que la ansiedad se haya vuelto crónica no significa que no tenga solución. La terapia psicológica puede ser eficaz y, en algunos casos, puede complementarse con medicación.
Síntomas de ansiedad más frecuentes
Las personas con ansiedad tienden a:
- Preocuparse en exceso, incluso por situaciones cotidianas, y tener dificultades para frenar esos pensamientos.
- Anticipar que algo va a salir mal o dar muchas vueltas a lo que podría ocurrir.
- Sentirse más irritables o en permanente estado de alerta.
- Tener dificultades para concentrarse, porque la preocupación ocupa buena parte de su atención.
- Evitar determinadas situaciones por miedo a sentirse mal o a que ocurra algo negativo.
- Dormir peor, ya sea por problemas para conciliar el sueño o por despertares frecuentes.
- Notar síntomas físicos como tensión muscular, palpitaciones, sudoración o respiración acelerada.
Asimismo, intentar evitar sistemáticamente todo aquello que produce malestar puede terminar reforzando el miedo. Detectar el problema y buscar ayuda profesional
permite aprender a manejarlo y evitar que interfiera cada vez más en la vida cotidiana.
2. Depresión: mucho más que estar triste
Todos podemos tener días en los que el ánimo está por los suelos. La depresión, sin embargo, no equivale a sentirse triste durante una mala racha.
Se trata de un problema de salud mental que puede afectar al estado de ánimo, el interés por las actividades, la capacidad para concentrarse, el sueño, el apetito y la energía. También puede alterar la forma en la que nos relacionamos con otras personas, el trabajo o los estudios.
El doctor Serra apunta que "se estima que una de cada cinco personas sufrirá depresión a lo largo de sus vidas, y afecta al doble de mujeres que de hombres".
¿Cuáles son los síntomas de depresión?
Entre los signos de alerta se encuentran:
- Estado de ánimo bajo de forma persistente.
- Pérdida de interés por actividades que antes resultaban agradables.
- Dificultad para concentrarse o tomar decisiones.
- Cambios importantes de apetito o peso.
- Insomnio o exceso de sueño.
- Cansancio frecuente.
- Sentimientos intensos de culpa, inutilidad o desesperanza.
- Agitación o enlentecimiento.
- Pensamientos recurrentes relacionados con la muerte o el suicidio.
En niños y adolescentes la depresión puede manifestarse de otra manera. Por ejemplo, puede predominar la irritabilidad sobre la tristeza y provocar aislamiento, problemas de concentración, cansancio, cambios de comportamiento o incluso molestias físicas. La doctora Berta Cejas Pascual, especialista en Psiquiatría del Hospital Universitari Sagrat Cor
, añade que "se manifiestan cambios en el humor, en el pensamiento y en la actividad que conllevan un impacto negativo en el funcionamiento del niño o adolescente".
Si aparecen pensamientos de suicidio o de hacerse daño, es necesario solicitar ayuda profesional urgente
.
3. TDAH, también en adultos
Hablar del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) únicamente como un problema infantil es quedarse con una visión muy parcial. La realidad es que esta alteración neurobiológica puede manifestarse tanto en niños como en adultos y afectar al comportamiento y al funcionamiento cotidiano.
Y aquí hay un matiz importante: en un adulto no siempre encontramos esa imagen estereotipada de alguien incapaz de permanecer quieto. La hiperactividad y la impulsividad pueden resultar menos evidentes que durante la infancia.
El doctor Pedro García Parajua, jefe del servicio de Psiquiatría del Centro médico-quirúrgico Olympia
, advierte de que el TDAH en adultos puede pasar desapercibido porque no siempre aparece como una falta de atención evidente, sino como dificultades para regular "el tiempo, la motivación, las emociones y la conducta".
Señales del TDAH en adultos
Podemos encontrar dificultades como:
- Problemas para mantener la atención.
- Desorganización y mala gestión del tiempo.
- Tendencia a posponer constantemente las tareas.
- Olvidos frecuentes.
- Dificultad para comenzar tareas.
- Inquietud.
- Impulsividad al hablar o actuar.
- Baja tolerancia a la frustración.
- Problemas para regular las emociones.
Eso sí, que te identifiques con alguna de estas situaciones después de ver un vídeo en redes sociales no significa que tengas TDAH. El diagnóstico requiere una evaluación clínica completa
y debe tener en cuenta la historia de los síntomas y su repercusión en diferentes ámbitos de la vida.

4. Estrés: cuándo deja de ser una respuesta puntual
Una fecha de entrega que se acerca, hablar en público, una ruptura o incluso preparar una boda. Situaciones negativas y positivas pueden provocarnos estrés, ya que se trata de una respuesta natural de nuestro organismo ante una presión física o mental. De hecho, tiene una función adaptativa: nos activa y nos ayuda a responder ante determinados retos. El problema llega cuando se acumula, resulta excesivo o parece acompañarnos a todas partes.
El doctor Paolo Racugno, especialista en Cardiología del Hospital Quirónsalud Valencia
, advierte de que el estrés mantenido puede acabar perjudicando al organismo. Ante una situación estresante, el cuerpo libera una serie de hormonas que nos preparan para reaccionar y que, entre otros efectos, pueden acelerar el ritmo cardiaco y elevar la presión arterial.
Las personas con estrés pueden:
- Tener dificultades para concentrarse, porque la mente parece ir a toda velocidad.
- Dormir peor, ya sea por problemas para conciliar el sueño o porque el descanso no resulta reparador.
- Experimentar cambios de ánimo.
- Sentir molestias físicas, como dolor de cabeza o malestar de estómago.
- Experimentar ansiedad cuando la situación de tensión se prolonga.
- Notar palpitaciones o el corazón más acelerado, incluso estando en reposo.
Aprender a manejarlo también forma parte del cuidado de nuestra salud. Practicar ejercicio regularmente, dedicar tiempo a actividades que disfrutamos, relacionarnos con otras personas o recurrir a técnicas de respiración, meditación o yoga pueden ayudarnos a desconectar y reducir la tensión.
Y si el estrés se vuelve constante o empieza a afectar al sueño, el estado de ánimo, la salud física o nuestra vida cotidiana, conviene consultar con un profesional
.
5. TOC: mucho más que ser ordenado
"Soy un poco TOC con el orden". Seguro que has escuchado esta frase más de una vez. Sin embargo, que te guste colocar los libros por colores o comprobar dos veces si has cerrado la puerta no significa que tengas un trastorno obsesivo-compulsivo.
El TOC puede generar un importante malestar, interferir en la vida cotidiana o perder más de una hora al día. Se caracteriza principalmente por la presencia de obsesiones, compulsiones o ambas.
La doctora Susana Amodeo Escribano, psicóloga clínica adjunta de Psiquiatría del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, explica que "las obsesiones son pensamientos, impulsos o imágenes mentales recurrentes y persistentes que se experimentan en algún momento del trastorno como intrusivos o inapropiados, y causan ansiedad y malestar".
Ante estas obsesiones, la persona puede sentir la necesidad de realizar determinadas compulsiones o rituales para intentar aliviar la ansiedad o evitar que ocurra algo que teme, aunque esas conductas no puedan prevenirlo realmente.
Estas compulsiones pueden ser actos mentales, como contar en silencio o repetir determinadas palabras, o conductas como ordenar objetos de una forma concreta o realizar comprobaciones una y otra vez.
En muchos casos, la persona es consciente de que estas obsesiones o compulsiones no son racionales, pero aun así le resulta muy difícil controlarlas. En los casos más graves, esta percepción puede cambiar.
El TOC puede comenzar en la infancia, aunque también puede manifestarse durante la adolescencia o al inicio de la vida adulta. Si las obsesiones o los rituales generan un malestar importante o interfieren en el día a día, es fundamental realizar una valoración profesional para llegar a un diagnóstico adecuado
.
6. Anorexia, bulimia y trastorno por atracón: las señales van más allá del peso
Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) se consideran problemas graves de salud mental que alteran la relación con la comida y pueden tener consecuencias tanto físicas como psicológicas.
El doctor Serra Pla nos explica que "como consecuencia se puede comer mucho menos o mucho más de lo necesario, algo que puede provocar problemas de salud como enfermedades cardíacas y renales, o incluso la muerte".
Entre los TCA más conocidos se encuentran la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón.
¿Qué señales pueden hacernos sospechar de un TCA?
Las manifestaciones varían según el trastorno:
- Anorexia. Las personas con este trastorno alimenticio comen muy poco o se restringen alimentos. Otras señales de anorexia son la delgadez extrema, el miedo a engordar o el ejercicio intenso y en exceso.
- Bulimia. Provoca atracones de comida que se intentan compensar con vómitos, laxantes, ayuno o ejercicio. La bulimia provoca cambios bruscos en el peso corporal, en lugar de una pérdida de peso continuada, y también causa desgaste de los dientes o dolor de garganta crónico.
- Trastorno por atracón. Al igual que en la bulimia, se producen atracones en periodos concretos de tiempo, pero en este caso no se trata de compensar. Después del atracón de comida, se siente culpabilidad, vergüenza o angustia. El peso puede aumentar o mantenerse, por lo que el doctor advierte que "es habitual que se detecte cuando el sujeto ya tiene síntomas propios de la depresión".
El tratamiento de los trastornos de la conducta alimentaria
puede incluir psicoterapia individual, grupal o familiar, asesoramiento nutricional y, en algunos casos, medicación y seguimiento médico, según indica Joan Francesc Serra Pla.
Por eso, no debemos fijarnos únicamente en el peso. Los cambios en la relación con la comida, la preocupación por la imagen corporal y determinadas conductas también pueden ser señales de alerta de un TCA.
7. Esquizofrenia: síntomas que necesitan valoración especializada
La esquizofrenia es un trastorno mental que puede afectar a la percepción de la realidad, el pensamiento, las emociones y las relaciones con otras personas. Aunque suele asociarse principalmente con las alucinaciones y los delirios, sus manifestaciones son más amplias.
Algunas señales iniciales pueden resultar difíciles de reconocer o incluso confundirse con otros cambios típicos de la adolescencia o del inicio de la edad adulta, que es cuando suele manifestarse la esquizofrenia. El aislamiento social, la apatía, la irritabilidad, los trastornos en el sueño o un descenso llamativo del rendimiento escolar son algunos de los indicios que pueden pasar desapercibidos en estas etapas.
El doctor Antonio Arumi Vizmanos, jefe del servicio de Psiquiatría y Psicología Clínica del Hospital Universitari General de Catalunya
, destaca la importancia de intervenir pronto: "Cuando el diagnóstico y el acompañamiento llegan a tiempo, es más fácil sostener el tratamiento y trabajar la estabilidad y la autonomía en el día a día".
Síntomas de la esquizofrenia
Entre las manifestaciones que pueden aparecer se encuentran:
- Alucinaciones o delirios.
- Pensamiento o comportamiento desorganizado.
- Aislamiento social y pérdida de motivación.
- Menor expresividad emocional.
- Dificultades para desenvolverse en los estudios, el trabajo o las relaciones personales.
¿Cuándo pedir ayuda por un problema de salud mental?
Sentir estrés antes de una entrega importante, tener algún despiste, pasar unos días tristes o preocuparnos más de la cuenta no significa necesariamente que exista un trastorno mental.
Entonces, ¿cuándo debemos prestar especial atención? Sobre todo cuando los síntomas son intensos, se mantienen en el tiempo o empiezan a interferir en nuestra vida cotidiana, ya sea en el trabajo, los estudios, las relaciones, el sueño, la alimentación o las actividades que antes realizábamos con normalidad.
Y hay algo especialmente importante en tiempos de vídeos virales, cuestionarios y autodiagnósticos en redes sociales: reconocerte en una lista de síntomas puede ayudarte a detectar que algo no va bien, pero no sustituye una valoración profesional.
Conocer las señales de alerta es un buen primer paso. Si algo te preocupa, el siguiente es pedir ayuda.

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