Verano, sol y sorpresas: las alergias que nadie espera
Las reacciones alérgicas van más allá del polen. Descubre los desencadenantes más inesperados
¿Quién dijo que las alergias se despiden cuando llega el verano? Después de meses culpando al polen de nuestros estornudos, tendemos a pensar que julio y agosto son una especie de tregua para quienes conviven con una alergia. Sin embargo, mientras preparamos la maleta, reservamos el hotel o buscamos el mejor chiringuito de la costa, hay otros desencadenantes que también hacen las maletas y se vienen con nosotros.
El verano es sinónimo de días largos, baños refrescantes, helados, terrazas y escapadas improvisadas. Pero también es una época en la que cambiamos rutinas, comemos diferente, pasamos más tiempo al aire libre y exponemos nuestro cuerpo a situaciones poco habituales durante el resto del año. Y ahí es donde pueden surgir algunas reacciones inesperadas.
Alergias en verano, más comunes de lo que imaginas
Durante el año solemos movernos en entornos bastante previsibles. Dormimos en nuestra cama, utilizamos los mismos productos y seguimos horarios similares.
En vacaciones todo cambia. Dormimos en hoteles o apartamentos, probamos platos nuevos, caminamos descalzos, nos bañamos en el mar o la piscina y pasamos horas bajo el sol. Cada una de estas situaciones supone una nueva exposición para nuestro organismo.
Por eso, aunque la primavera siga siendo la reina de las alergias respiratorias, los especialistas recuerdan que las alergias en verano siguen muy presentes. De hecho, los pólenes de la artemisa, el girasol y otras malezas pueden afectar a las personas alérgicas durante los meses estivales.
Además, la doctora Elena Sierra Maestro, especialista en Alergología del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid
, señala que no debemos olvidar la alergia a los ácaros del polvo, especialmente frecuente en algunas zonas costeras, un destino habitual durante las vacaciones estivales.
El sol puede causar sarpullidos en la piel
Cuando hablamos de alergias veraniegas, a menudo nos sorprendemos al descubrir que el propio sol puede convertirse en protagonista.
Seguro que conoces a alguien que asegura tener "alergia al sol". Aunque detrás de esta expresión pueden esconderse distintas reacciones, lo cierto es que algunas personas desarrollan picor, ronchas o pequeñas lesiones en la piel tras exponerse a la radiación solar.
La doctora Esther Lourdes Pérez González, también especialista en Alergología del mismo centro hospitalario, explica que el exantema solar polimorfo suele manifestarse con pequeños granitos, manchas rojizas o vesículas que provocan picor o sensación de ardor en las zonas expuestas al sol. Lo bueno es que, en general, suelen desaparecer en pocos días y no dejan cicatriz.
Y hay un detalle que a menudo pasa desapercibido, determinados medicamentos pueden aumentar la sensibilidad al sol. Por eso, antes de pasar horas tumbados en la playa o la piscina, conviene revisar el prospecto o consultar con el médico si estamos siguiendo algún tratamiento.
Otra reacción alérgica muy habitual en verano es la dermatitis de contacto. La doctora Sierra indica los posibles desencadenantes: cremas con filtros solares o materiales de los zapatos de piel o goma. Esto último se debe a que estamos más tiempo sin utilizar calcetines y nuestro pie tiene contacto directo.
Chapuzones en agua fría: una causa muy común de urticaria
Pocas imágenes representan mejor el verano que lanzarse al agua para combatir el calor. Sin embargo, para algunas personas ese momento tan esperado puede convertirse en el origen de una reacción inesperada.
Existe un tipo de urticaria desencadenada por el frío que puede aparecer tras un baño en aguas frías o incluso después de consumir bebidas con mucho hielo o alimentos fríos como los polos o helados. En ocasiones, el primer episodio ocurre precisamente durante las vacaciones, cuando aumentan este tipo de situaciones.
No significa que haya que renunciar a los chapuzones, pero sí prestar atención si aparecen ronchas, picor o inflamación tras el contacto con el frío.
Insectos: la razón de muchas reacciones en la piel
Las vacaciones también implican más tiempo al aire libre. Comidas en jardines, excursiones, terrazas, paseos por el campo... Y eso significa compartir espacio con insectos.
La mayoría de las picaduras son molestas, pero inofensivas. En cambio, las abejas y avispas pueden provocar reacciones alérgicas importantes en personas sensibilizadas. Por eso, quienes ya conocen su alergia deben llevar siempre consigo la medicación pautada por el especialista.
El menú veraniego: otro riesgo de alergias
El verano cambia nuestros hábitos alimentarios. De repente, aparecen en nuestra dieta frutas que apenas consumimos durante el resto del año como melocotones, nectarinas, paraguayos, albaricoques, cerezas o ciruelas. También aumentan las raciones de melón, sandía o piña.
Para la mayoría son auténticos símbolos del verano. Pero algunas personas pueden experimentar desde un simple picor en la boca hasta reacciones más importantes como anafilaxia.
Algo parecido ocurre con el pescado y el marisco. Entre chiringuitos, terrazas y comidas frente al mar, aumenta su consumo y, con él, la exposición al anisakis si los productos no han sido tratados adecuadamente.

La maleta del alérgico inteligente
La mejor forma de disfrutar del verano no es vivir con miedo a una reacción alérgica, sino estar preparado.
Si ya sabes que tienes alguna alergia, lleva siempre la medicación prescrita por tu especialista en Alergología. Si comes fuera de casa, consulta los alérgenos de los platos. Y si notas una posible reacción por primera vez, intenta recordar qué estabas haciendo, qué habías comido o con qué habías estado en contacto.
A menudo pensamos que las alergias son solo cosa de la primavera, pero la realidad es que también pueden acompañarnos durante las vacaciones de verano. La buena noticia es que, con información y algunas precauciones sencillas, nada debería impedirte disfrutar de la mejor época del año.

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