¿Sabías que más de uno de cada tres niños españoles tiene exceso de peso? Aunque los últimos datos apuntan a una ligera mejoría, la obesidad infantil sigue siendo un importante problema de salud que puede tener consecuencias hasta la edad adulta.

Según el estudio ALADINO 2023, el 36,1 % de los niños de entre 6 y 9 años presenta exceso de peso: un 20,2 % tiene sobrepeso y un 15,9 %, obesidad. Pero hay otro dato que llama especialmente la atención: nueve de cada diez padres de niños con sobrepeso creen que sus hijos tienen un peso normal.

¿Cómo podemos saber si nuestro hijo tiene un peso saludable? ¿Qué podemos hacer para prevenir la obesidad infantil? Hablamos con el doctor Fernando Zarate Osuna, adjunto de los servicios de Pediatría y sus Áreas Específicas de los hospitales Quirónsalud SurEste enlace se abrirá en una ventana nueva y Quirónsalud ToledoEste enlace se abrirá en una ventana nueva, quien nos explica cómo detectar a tiempo el exceso de peso y qué hábitos ayudan a prevenirlo.

Y es que la detección precoz sigue siendo una asignatura pendiente. A la dificultad de muchas familias para reconocer el problema se suma que solo aproximadamente la mitad de los médicos de Atención Primaria y pediatras registra sistemáticamente el índice de masa corporal (IMC) en las revisiones del niño sano.

¿Cómo podemos detectar la obesidad en la infancia?

La primera recomendación es muy sencilla: llevar a los niños a las revisiones periódicas del programa del niño sano, igual que los llevamos a vacunarse. Estas visitas permiten valorar de forma continuada su crecimiento, desarrollo y estado global de salud. De la misma manera que las familias se interesan periódicamente por las notas y el rendimiento académico de sus hijos, deberíamos conocer también cómo evoluciona su salud.

Existen algunas señales que pueden acompañar al exceso de peso:

  • Un aspecto físico excesivamente relleno.
  • Un peso y, especialmente, una relación entre peso y talla por encima de los percentiles adecuados.
  • Fatiga excesiva durante el ejercicio.
  • Ronquido nocturno habitual o pausas de apnea .
  • Estreñimiento.
  • Determinados signos cutáneos, como acantosis, estrías o alteraciones de la piel abdominal.

Sin embargo, estas señales por sí solas no permiten realizar un diagnóstico. La valoración del pediatra es fundamental.

El IMC no lo cuenta todo

Desde el punto de vista médico, hoy sabemos que para diagnosticar obesidad debemos superar el diagnóstico exclusivo basado en peso e IMC. Son un primer escalón imprescindible, pero insuficiente.

La composición corporal y, particularmente, el porcentaje de grasa corporal aportan una información fundamental para caracterizar el exceso de peso infantil.

A ello podemos añadir un tercer elemento, esta vez funcional: la condición física, que puede evaluarse mediante la fuerza y la competencia muscular.

Cómo detectar la obesidad infantil

Prevenir la obesidad desde la infancia

La obesidad tiene condicionantes genéticos, sociales y ambientales. Sobre los primeros nuestra capacidad de actuación es limitada, pero no podemos olvidar que los niños que crecen en familias socialmente desfavorecidas y con menos recursos presentan mayor riesgo de desarrollar obesidad. Garantizar el acceso a una alimentación saludable y a una vida activa debería ser, por tanto, un primer escalón de cualquier estrategia preventiva.

Conocemos bien los grandes pilares de la prevención de la obesidad infantil:

  • Mantener una actividad física suficiente y de intensidad adecuada.
  • Seguir una alimentación saludable y accesible, con la dieta mediterránea como modelo.
  • Reducir el sedentarismo y el tiempo de pantallas.
  • Cuidar el descanso y sueño.
  • Favorecer un entorno emocional y de cuidados saludable.

Consecuencias de no actuar ante la obesidad en la infancia

Los efectos de la obesidad infantil pueden ser importantes y aparecer cada vez a edades más tempranas:

  • Resistencia a la insulina y diabetes tipo 2.
  • Hipertensión y enfermedad cardiovascular.
  • Trastornos hormonales, como adelanto puberal en niñas o hipogonadismo en niños.
  • Hígado graso; asma y problemas respiratorios.
  • Impacto emocional y social.

Y existe una última razón para actuar cuanto antes: la obesidad infantil condiciona la salud del futuro adulto. Un niño con obesidad tiene una elevada probabilidad de mantenerla en la edad adulta y de desarrollar precozmente enfermedades metabólicas y cardiovasculares.

Por eso, frente a la obesidad infantil, esperar a que aparezcan sus consecuencias no puede ser la estrategia. Diagnóstico precoz, prevención y educación para la salud deben comenzar durante la infancia.

Orientador de salud personal

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